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Historia de la mecedora momposina

Historia de la mecedora momposina

La mecedora momposina es la silla mecedora tradicional de Santa Cruz de Mompox, en el departamento de Bolívar: madera maciza tallada a mano y asiento tejido en bejuco o caña flecha. Su historia no es la de un diseño con autor y fecha, sino la de un oficio que sobrevivió porque el pueblo donde se hacía quedó fuera del comercio durante más de un siglo.

Casi todo lo que se publica sobre ella repite las mismas tres frases. Como trabajamos con artesanos de allá, aquí separamos lo que está documentado de lo que no, que es la parte que nadie suele decir.

Mompox: el puerto que el río dejó atrás

Santa Cruz de Mompox se fundó en 1537, a orillas de un brazo del río Magdalena. Durante la Colonia fue el paso obligado de todo lo que subía de Cartagena hacia el interior del país: oro, mercancías, correo, gente. Ser puerto obligado significa dinero, y el dinero se le nota a un pueblo en las casas y en los oficios. De esa época vienen sus iglesias, sus portones y dos tradiciones de mano fina que todavía existen: la filigrana en plata y la carpintería.

A Mompox también le tocó su parte en la Independencia. Se le atribuye a Bolívar la frase “Si a Caracas debo la vida, a Mompox debo la gloria”, por los hombres que reclutó allí en 1812.

Y entonces pasó lo que definió todo lo demás: en el siglo XIX el Magdalena se fue cambiando de cauce. El grueso del agua se pasó al brazo de Loba y el brazo de Mompox se volvió poco navegable. El puerto obligado dejó de ser obligado, la navegación se fue por otro lado y el pueblo quedó descolgado del comercio.

Para la economía momposina fue una desgracia. Para su patrimonio fue lo mejor que le pudo pasar: no hubo plata para tumbar y rehacer, así que el centro histórico se quedó como estaba. En 1995 la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad.

Un oficio que no se industrializó porque no le tocó

Ese mismo aislamiento explica la mecedora.

Cuando a un oficio le llega la industria, se moderniza o desaparece: entran las máquinas, se estandarizan las piezas, se abarata el material. En Mompox eso llegó tarde y llegó poco. Los ebanistas siguieron trabajando como sabían, con la madera que había cerca y con las herramientas de siempre, porque no había un mercado grande empujando para que produjeran más rápido.

El resultado es que hoy la momposina se hace prácticamente igual que hace generaciones: se talla a gubia y el asiento se teje a mano. No es nostalgia de folleto, es lo que quedó cuando no hubo con qué cambiarlo.

Lo que no se puede documentar, y no vamos a inventar

Aquí es donde la mayoría de los textos se pone creativa. Nosotros no.

No hay una fecha de nacimiento de la mecedora momposina. No hay un artesano fundador con nombre, ni un año, ni un plano original. La silla mecedora como objeto llegó a América con la influencia europea y norteamericana, y en Mompox se le aplicó lo que la gente de allá ya sabía hacer: tallar madera dura y tejer fibras. Cuándo exactamente ocurrió esa mezcla, no lo sabemos, y quien te dé una fecha exacta lo más probable es que se la esté inventando.

Lo que sí se puede documentar es el pueblo, el oficio y la técnica. Con eso alcanza.

Cómo se hace una momposina

Tres pasos, y en los tres el tiempo lo pone la mano y no la máquina:

La madera. Caoba y cedro son las tradicionales, porque son densas pero se dejan tallar sin astillarse. También se usan el flor morado y el trébol rojo, más pesados, en las versiones que tienen que soportar más. Es madera maciza en toda la pieza: no hay aglomerado con lámina encima.

La talla. Los brazos, el copete y el respaldo se labran a gubia. Es la parte que más horas lleva y la que hace que dos sillas nunca queden idénticas, porque cada tallador tiene su mano y se le reconoce.

El ensenzado. Así le dicen en Mompox al tejido del asiento y el espaldar, hecho con tiras de bejuco o de caña flecha. Un asiento tejido a mano toma varias horas y hay que dejarlo con tensión pareja de lado a lado: si afloja en el centro, se hunde con el uso. Ese tejido es también la razón de que la momposina se sienta fresca — el aire pasa a través, algo que ningún tapizado hace.

¿Y por qué algunas se llaman “450 años”?

Es el nombre de los modelos con talla completa. No sabemos quién bautizó así la línea, pero la aritmética cuadra: Mompox se fundó en 1537, así que cumplió 450 años en 1987. El nombre remite a la historia del pueblo, no a la de la silla.

Qué queda del oficio hoy

Un mueble hecho a mano compite mal contra uno hecho en serie, y esa es la tensión real del oficio momposino: se puede comprar una mecedora que se le parece, en aglomerado enchapado y con tejido sintético uniforme, por bastante menos plata. Funciona. Se ve bien de lejos.

La diferencia aparece con el tiempo. Una momposina de madera maciza se restaura: se lija, se aceita y vuelve a quedar nueva, y eso se puede repetir durante décadas. Una enchapada, cuando se levanta la lámina, no tiene arreglo.

Por eso nos parece que vale la pena decir de dónde viene cada silla. Nuestras momposinas las tallan y las tejen artesanos de Mompox con esas mismas técnicas, y las tenemos en ocho versiones: original, tallada, tallada 450 años en natural y en envejecido oscuro, de cuero, Reinita, plegable e infantil, de $197.000 a $447.000.

Si estás mirando comprar una, lo siguiente que te sirve es saber cómo distinguir una auténtica de una imitación, o ver directamente todas las momposinas del taller. Y si todavía no tienes claro si la momposina es la que te conviene, en la guía de la mecedora la comparamos de frente contra las modernas y las tapizadas.


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