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Mecedora para lactancia: qué mirar antes de comprarla

Las mecedoras maternas son de los modelos que más fabricamos, y las conversaciones con las mamás que las piden nos han enseñado qué importa de verdad y qué es puro adorno. Esto es lo que te recomendamos mirar.

Lo que sí importa

Los brazos. Amamantar son muchas horas con un peso en los brazos. Un apoyo ancho y a buena altura hace la diferencia entre terminar la toma tranquila o con el hombro entumecido. Las nuestras tienen los brazos diseñados justo para sostener al bebé sin tensión.

La tela. Con un bebé, los derrames no son un “si” sino un “cuándo”. Por eso las maternas las tapizamos en tela anti-fluidos: el líquido no penetra y se limpia pasando un paño. Esa misma tela resiste el rasguño de las mascotas, que en la práctica conviven con el mismo sillón.

El balanceo. Debe ser suave y silencioso. Un balancín bien calibrado se mece con un impulso mínimo del pie — importante cuando tienes al bebé dormido encima y no quieres movimientos bruscos. Es de las cosas que más cuidamos en el taller al curvar el balancín.

La altura del asiento. Que puedas sentarte y levantarte con el bebé en brazos sin “caer” en la silla ni hacer fuerza para salir de ella.

Lo que no necesitas

Mecanismos reclinables con palancas, tapizados de pelo largo que acumulan babas y polvo, o sillas gigantes que no caben al lado de la cuna. La habitación del bebé suele ser el cuarto más pequeño de la casa: mide el espacio antes (y recuerda dejar unos 40 cm libres detrás para el mecido).

Nuestras maternas

Fabricamos las maternas en madera de cedro, con tela anti-fluidos en color beige que combina con cualquier decoración de cuarto infantil: la materna en cedro ($950.000) y la materna vintage ($997.000). Ambas se hacen bajo pedido, así que si estás organizando la llegada del bebé, pídela con anticipación — el tiempo de fabricación aparece en la página de cada producto.

Y un dato de uso: la mecedora no se jubila cuando el bebé crece. Se queda para los cuentos de antes de dormir, y después para la siesta de los papás. Por eso vale la pena elegirla bien.

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